LOS TIPOS DE SUELO Y EL CLIMA DETERMINAN LA EROSIÓN

EL CLIMA Y EL SUELO

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El suelo, constituye una delgada capa que cubre la superficie no sumergida de nuestro planeta, sobre la cual se han desarrollado todas las comunidades biológicas terrestres; forma parte integral de todo ecosistema, puesto que suministra buena parte del alimento y conforma el espacio vital para la flora y la fauna; en su formación participan, además de la rocas, factores como el clima, la erosión y los seres vivos.


la erosion


El clima a través de sus manifestaciones, especialmente la lluvia, la temperatura, la evaporación y la insolación, actúa permanentemente sobre las rocas superficiales de la corteza terrestre para producir los constituyentes primarios del suelo. Intervienen entonces una serie de organismos como bacterias, protozoarios, hongos, plantas, lombrices y hasta mamíferos y reptiles; que contribuyen a oxigenarlos y a suministrarle materia orgánica y minerales. El tiempo también es esencial para que actúen los efectos acumulativos de la labor de estos organismos y a la postre generen suelos con sus características propias y una estructura, un perfil y una composición química y biológica definidos.


Por supuesto, como decimos no es lo mismo en todas partes, influyen además de los tipos de suelos los tipos de climas. No es lo mismo el clima de España que un clima subtropical y ciertamente son muchos los factores a tener en cuenta a la hora de evaluarlos.  

La composición de los materiales minerales y orgánicos que forman los suelos, le dan las características que determinan su fertilidad, capacidad de retención y permeabilidad de agua y aire y la facilidad de penetración de las raíces de las plantas. 
El color es uno de los criterios más simples para calificar las variedades de suelos: La regla en general es que los suelos oscuros son más fértiles que los claros, aunque en algunos el tono negro se debe a la materia mineral o a humedad excesiva, caso en que su color no es un indicador de fertilidad. Los suelos rojos o castaños suelen contener una gran proporción de óxidos de hierro que no han sido sometidos a humedad excesivas y , por lo tanto su coloración indica que están bien drenados, no son húmedos en exceso y son fértiles. Casi todos los suelos amarillos tienen escasa fertilidad, su color se debe a que los óxidos de hierro han reaccionado con agua, lo que indica terrenos mal drenados. 
Los grisaceos pueden tener deficiencias de hierro u oxígenos, o un exceso de sales alcalinas.



Las proporciones de arena, limo y arcilla en los suelos determinan su textura, la cual tiene gran influencia sobre la productividad y condiciona , en buena parte, el tipo de vegetación que puede desarrollarse. Los que tienen un porcentaje elevado de arena suelen ser incapaces de almacenar agua y retener nutrientes para permitir el crecimiento de la vegetación.
Los que contienen una proporción mayor de arcillas y limos son depósitos excelentes de agua y atrapan minerales que pueden ser utilizados con facilidad por las plantas.
Los muy arcillosos tienen a acumular un exceso de agua y su textura viscosa impide, con frecuencia, una aireación suficiente para el crecimiento normal de la vegetación.


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